2/22/2009

Quizá no sabíamos hacer otra cosa, pero el caso es que jugábamos a escondernos detrás de aquello que nos pillaba más a mano. Pantallas de ordenador, libros, pucheros o sábanas no eran lo suficiente transparentes para dejarnos al descubierto. Jugábamos desnudos. Cuando me preguntaron empecé a hablar y la gente sólo me miró con pena. Pero G. se echó reír y dijo que no cambiaría nunca. Me puse dos coletas, le guiñé un ojo (el derecho, el izquierdo todavía no sé) y prometí que siempre sería pequeña. Susurró que ya no era inocente. Me cagué en sus muertos. Era la losa que me impedía andar erecta. G. habló cuando otros callaron y volví a preguntarme porqué nos queríamos tanto si follábamos tan bien. Puede ser que lo hiciéramos poco; eso siempre ayuda. Mientras en la tele ponían una de lágrimas, nadie pensó en bajar las persianas. Luego sí, cuando viene el frío, todos se empeñan en lo mismo. Hay que encerrarse. Cucarachas custodiadas en burbujas de plástico. En fin, A. no había entendido nada y tuve que explicárselo. No había forma. Demasiado irracional. Había que acudir a vidas anteriores, caipirinhas falsas a bajo precio y estados socioemocionales desconocidos. S. tampoco lo entendía y yo empecé a cansarme de traducir. La traducción es imposible. Era mejor no decir nada.
No sabes con quién te estás jugando lo que sea que no has apostado. Yo no juego. Ajá, ya, sí. Todos nos jugamos algo, aunque sea la sonrisa de la próxima media hora. ¿Vas a volver? ¿Aquí o atrás?
Que el mundo gire y veremos dónde acabamos.

2 comentarios:

ana.organización dijo...

No me parece bien lo de las cucarachas en burbujas de plástico, puesto que las pobres... se van a marear de dar tantas vueltas.
Creo que A. tiene una manguera, y aunque odia las cucarachas, no le importará ir a su rescate cuando haga sol, claro. De noche o nublado, nada se ve con claridad. Quizás G. tiene unas gafas especiales que funcionan en el mundo de Alice, pero... creo que a A. ya le van a venir pequeñas, así que mejor no tener que pensar en gafas, y hablar hacia Lorenzo (el son), siempre tan caliente y atento, para iluminarnos las calles, y obviamente para darnos sombra cuando estemos cansados de caminar.

Si, creo que las cucarachas podrán seguir adelante después de la ducha de agua fría.

Vanlat dijo...

Sólo se puede decir una cosa:

OLÉ.