3/10/2010

Sin orejas

Tú, besando bocas en los portales, y yo, cerrando los ojos para verte, tiene narices.


3/04/2010

Crees que soy tan fuerte que no te necesito.
Lo que ocurre es que me cuesta tanto que no sé pedírtelo.

3/03/2010

Quería escribir

Quería escribir.
Quería escribir algo lento. Tan lento que pudiera ser. Tan lento, tan lento que tan lento no fuera talento. Quería escribir algo que sonara entero. Algo que no fuera una ñoñería ni tuviera sobredosis de azúcar.
Quería escribir jadeos. Jadeos de sílabas. Que se oyeran todas. Que ninguna se extraviase.
Quería escribir jadeos lentos para palabras con mal karma. Palabras partidas de antes. Palabras bañadas en whisky con cocacola que no acababan de marcharse.
Y hay que decirlo lento. Que esto es algo que no se puede decir rápido.
Quería escribir.
Quería escribir todas las letras para que se oyeran.

Es sólo que, lo que quería decir, no podía ser leído por todos.

2/17/2010

Me pesa todo tanto que me está empezando a hogar.

2/11/2010

El punto

Vengo con el lápiz, ahí, remarcando bien los puntos; que ya vale de tonterías, que ni tú eres tan cabrón ni yo soy tan buena. Que tengo mis maldades, mis maldades gordas; pero no lo publico porque no me apetece. Que me río de cosas que no debería, pero ¿qué le vamos a hacer? me hacen gracia. A quien no le guste que mire para otro lado, que ya me he cansado yo de desviar los ojos. Que sí, que mi silencio no significa que te dé la razón, ni siquiera que esté de acuerdo. Pero te dejo decir, porque creo que no lo vas a entender y no tengo ganas de esforzarme. No, primo, no tengo ganas de sacar las espadas, enzarzarnos en una lucha desde los pedestales y meternos un piñazo de los gordos; por eso te dejo decir... Que yo haré lo que me dé la real gana. (Si eso, gracias por intentarlo).
Que puedes llamarme rubia o morena, que me da por ponerme peluca y a ver si te acuerdas de qué color tengo el pelo... Tanto mirar para no ver nada. Tanto buscar para que lo que encuentres sea una soplapollas y encima vengas a tocarme los cojones. Si quieres soplapollas, quédate con ella y a mí déjame seguir con mis cuentos. Sigo creando historias cada día, voy dejando ramilletes de romero en las casas que destrozaron las tormentas de estiércol. No es mucho.

No te preocupes, tengo lo tuyo preparado para mañana.

2/08/2010

Quiero salir de esta mierda.
Pero no sé.

Esa es la más puta de las tragedias. Querer salir y no saber. Darse cabezazos contra la pared. Como si una sólo pudiera darse cabezazos contra cosas duras. Claro que son mucho más efectivos, pero... ¿qué hay de esa sensación? Sí, sí, cuando te lanzas hacia una tela colgada de una cuerda. Cuando te lanzas, concentrando toda tu fuerza en el empujón... y no hay resistencia. Y te sientes más tonto, más débil, peor que antes.
Porque ya vale... ya vale de darse de cabezazos... JODER que ya está bien, que me harta llamarte y que no haya respuesta, que me harta jugármela y que nunca estés, que me harto de ser siempre la que pone la otra mejilla, que me harto de seguir echándote de menos, que quiero matarte abrirte las tripas y que dejes de respirar, que quiero matarme abrirme las tripas y dejar de respirar y dejar de respirar y que todo se acabe.

No quiero seguir tragando.

2/03/2010

A veces yo también tengo ganas de vomitar, de abrirme el estómago por el ombligo, rasgando si se pudiera la carne en dos, ver mi cuerpo abierto, mi sangre desparramada, mis tripas al descubierto. Vivir una explosión interior que signifique renacer, porque me harta tanto aguante por dentro.

Ahora vendrás y dirás que lo que necesito es un buen polvo. Y ¿quién soy yo para negarte eso? Claro que necesito un polvo y no uno, dos, tres o treinta y seis. Una buena sesión de sexo para salir con más ganas de reventar el mundo. De decir dos cositas, de callarme treinta y cuatro. De soltar un libro en cada hueco que vea. De pintar mazorcas de maíz en el asfalto. De contarte las pecas que no se ven. De escuchar rap y heavy. De darte un piquito. De presentarme en el juzgado el día de su boda. De salir. De dejar una cara rota sólo con mirarla. De gritar a una imbécil que es imbécil. De saltar sobre una espalda y hacernos una foto. De ir a la plaza del Pilar y girar y girar. De dar una respuesta cuando me pregunten.
Sólo son más ganas. Todo eso lo puedo hacer también.

1/23/2010

Secretos


Escucha los secretos que su mano le cuenta. No quiere más. Tiene suficiente... Siempre sus dedos contándole secretos. Y cuando viene el frío se cubre con una capa de hielo y sigue apoyada en su cama, sin hablar. Recoge las piernas como hacía en el vientre de la madre que no tuvo. Y, encogida, respira la vida esperando el sonido que la despierte.

Foto: Vanlat

1/20/2010

Algo pasa...




El efecto dominó. Algo entre vos y yo. Eso me confunde mucho.

Y no quiero entusiasmarme con palabras. Ya no hago más que especular.... Mejor sería demostrártelo...

Descoloque

Vamos a tener que hacer algo con este descoloque y este poco encontrarnos. No puede ser que andemos cambiando de posiciones y jugando al ratón y al gato. Deberíamos centrarnos un poco. Por lo menos empezar en el mismo punto. Luego si quieres nos dispersamos y hacemos un par de círculos cada uno a ver qué encontramos. Pero saber de dónde partimos tampoco estaría mal. Y es que a mí tanto cuento y tanto baile me empieza a marear. Que cuando tú quieres vals yo tengo rock an' roll y cuando me da a mí por lo lento tú tienes una bachata... Y es que o ponemos las cedeteras más cerca o yo pierdo el compás (no te aseguro que no lo vaya a perder en cualquier caso). En el fondo bastaría con saber... creo yo... pero la ignorancia resulta, todavía, dulce e infantil así que podemos mantenerla un poco más. Y en todo esto... ¿dónde estás tú? Con la camisa puesta y las gafas rectas, yo escurriéndome de la silla con los pantalones del pijama y la sudadera de estar por casa... Así... Y así es siempre... Excepto cuando nos desnudamos con la mirada... que los dos estamos vestidos... y desnudos.

1/17/2010

"...la diferencia entre una señora y una florista
no reside en cómo se comporten,
sino en cómo se las trata. Yo seré
siempre una florista para el profesor Higgins,
porque él siempre me trata como a una florista, y
así siempre lo hará;
pero sé que puedo ser una señora
para usted porque usted siempre me trata
como a una señora y siempre lo hará así."
Eliza Doolittle, Pygmalión de G. B. Shaw

Ahí está la base de todo. Lo que hemos hecho y hasta dónde hemos llegado. De eso se trata de ser una florista, o de ser una señora, o de ser una señora florista. De creer lo que eres. De saber lo que eres y, también, que puedes ser de otra manera. Que lo que hemos aprendido se desaprende, que la mejor razón para hacer algo es porque me apetece, porque quiero, porque merece la pena... Que no voy a saber quién eres hoy por todo lo que me cuentas de ayer. Que no vas a saber quién era ayer por todo lo que te cuento de ayer. Porque, además, todo te lo cuento según yo creía que era... y a lo mejor no es coincidente.

1/10/2010

Acabo de encender tu cigarrillo.
Sólo quería que lo supieras.

1/08/2010

Sé que me voy a enredar en tu cremallera, sé que me voy a enredar en tu cremallera...

Y también que no sé qué haré cuando no tenga excusa para verte.

No sé si me tienes prohibido...

1/06/2010

Invierno, primavera y muerte prematura

Colores del invierno, decías, colores abyectos y enfermizos. Yo te escuchaba, porque la verdad en mi cabeza abierta siempre venía de fuera. Y miraba donde tú mirabas y aprendí a distinguir los cuellos de cisne, las fajas ocultas y los pechos caídos que se turgían bajo un sujetador.
El tiempo me demostró que no tenías razón, que todos engañábamos y que la ropa sólo era una forma de incomunicación social. Hacía frío. Era invierno y la única manera era ir tapados hasta arriba, que no se viera nada, no enseñar nada y evitar ser reconocidos como seres humanos bajo capas y capas de licra, algodón y plastiquete del malo.
En medio de todo, mi cuerpo renacía y se definía como tal. Me volví cada vez más sensible, capaz de distinguir el más mínimo roce y disfrutar con él. Mi propio flujo de sangre me calentaba, no necesitaba más. Los trayectos diarios de riego sanguíneo se convirtieron en una tortura; sobre todo los días de vagancia. Esas mañanas en las que no quería salir de la cama, ni me estimulaba ir a clase, ni comer, ni quedar... Esas mañanas en las que lo único que tenía sentido era estar quieta y notar cómo latía mi cuerpo.
Llegó la primavera y los colores se volvieron vivos, dejando la muerte a un lado. Resulta muy cruel morir en abril o en mayo, cruel y absurdo, triste el apagarse con esa explosión de intensidad a tu alrededor; pero te dio igual. Dejaste la lógica a un lado, fallaron todos tus principios y en el resurgir cerraste la cuenta. Y mi cuerpo seguía renaciendo, cada día nos despertábamos los dos: mi cuerpo y yo. De forma separada y unida. Calibrando nuestras propias fuerzas en una lucha por el control final. Solía ganar yo, todo hay que decirlo. Aprendí a sentir sin pensar qué era lo que sentía, hacia dónde podría llevarme y mi cuerpo se dejó vencer de manera silenciosa. Todas las ollas a presión necesitan una válvula de escape y esta no era diferente. Su detonante era el alcohol y la caricia; simplemente. Aquellos dos elementos, extraños a la cadena de mando que había conseguido organizar, eran la crisis del sistema. La muerte total del orden establecido. Y tú siempre estabas ahí para recordármelo.