12/24/2009

Rutina

Cada cinco meses me canso de esperarte,
me lío la manta a la cabeza
y vivo un mes de subidas y bajadas.
Rutina...

12/22/2009

boca

No se lo digas a nadie, pero yo hoy quería llorarte la boca.
Ya ves qué tontería, llorarte la boca. Lo que más me apetecía era ¡llorarte la boca!

12/21/2009

Cuerpo

Tenía que haberte robado el cuerpo cuando pude.
Pero no lo hice.
No.
Ni un pelo, una uña o una pelusilla del ombligo.
Nada de nada.

Y ahora...

12/19/2009

Si fuera cristiana (practicante)...

... no dejaría de pedirle a Dios que me perdonara por lo que iba a hacer.
Si fuera cristiana (practicante) mi sentimiento de culpa sería tan grande que ni 15 Padrenuestros y 3 Avemarías me parecerían suficientes.
Si fuera cristiana (practicante) no dudaría de las pruebas que el Señor pone a mi fe.
Si fuera cristiana (practicante) me daría miedo compararme a Job y a su santa paciencia.
Si fuera cristiana (practicante) me sentiría un poco Pedro negando a Jesús 3 veces.
Si fuera cristiana (practicante) ...
Si fuera cristiana (practicante) tal vez podría confesarle a un cura mis pecados y limpiarme la conciencia, pero no lo soy (practicante; cristiana, por bautismo no elegido).

Sólo soy yo.

12/17/2009

El cuerpo

Permíteme que te lo diga, hoy no tengo el cuerpo pa' tonterías.

Te puedes guardar la sal y el vinagre, que no me apetece ensalada. ¿Pensabas hacer otra cosa? No importa, no voy a cenar contigo. Sí, ya sé que ya lo sabías. ... . Ajá, bueno, vale, hablamos. Ciao.
BLA BLA BLA B L A... BLA BLA BLA B L A... BLA BLA BLA B L A... BLA BLA BLA B L A... ¡
Qué aburrimiento,
siempre el mismo cuento!
Ya me avisarás cuando vuelvas
(a tener tiempo).
Me hago la tonta y creo que no te acercas por la fiebre y los mocos, para evitar contagios y pandemias.

12/16/2009

12/14/2009

Ahora

Ahora que no me ves, me escondo de tu mirada y me río bajito para que no me oigas.
Ahora que me escondo de tu mirada sólo pienso en apoyarme en tu vientre, como si yo fuera muy pequeña, como si tú fueras muy grande.
Ahora que sólo pienso en apoyarme en tu vientre, te acaricio la espalda con la yema de los dedos.
Ahora que te acaricio la espalda con la yema de los dedos, me miro en el espejo.
Ahora que me miro en el espejo, me miro y no te veo.
Ahora que me miro y no te veo, rebusco en las paredes por si te has fundido con el ambiente.
Ahora que rebusco en la paredes por si te has fundido con el ambiente, ya no te busco porque tuve lo que necesitaba y no quise coger más.

12/11/2009

Petición

Que me perdonen Blancanieves y La Bella Durmiente, que ya no me creo a los príncipes azules que te despiertan con un beso.
Que me perdone Cenicienta, que ya no me creo a los príncipes que buscan que encajes en su zapato de cristal.
Que me perdone Wendy, que ya no me creo a los príncipes que dicen que no crecen.
Que me perdone Ariel, que ya no me creo a los príncipes que no se tiran al agua.
Que me perdone Bella, que ya no me creo a los príncipes que de Bestia pasan a bellezón.
Que me perdone Jasmine, que ya no me creo a los príncipes rateros.
(De hecho ya no me creo a los príncipes en general).
Que me perdonen Christine Nöstlinger y Susi y Paul y La chaqueta de Indiana Jones, que ya no me creo que todo tenga un brillo azul.
Que me perdonen Las gemelas de Sweet Valley, directamente.
Que me perdone Le P'tit Manuel, que ya no me creo que mereciese la pena.

12/10/2009

Quería escribir algo bonito...
Algo que sonara a infusión caliente, a chaqueta de lana, a sofá, a cigarro entre los dedos, a finales de otoño.
Y sólo me sale eso.
El sofá, la infusión caliente, el cigarro entre los dedos, la chaqueta de lana, el final del otoño...
Y puede ser también que sea bastante
la chaqueta de lana, el cigarro entre los dedos, el sofá, la infusión caliente, el final del otoño...

12/05/2009

11/23/2009

Había tanto que hacer...

Quitar el estucado, limpiar el polvo, barrer el suelo, cubrir el suelo, tapar los enchufes, pintar la pared, dar dos capas, volver a barrer, fregar el suelo, dejar secar aireando, mirar lo hecho, volver a pintar, volver a barrer, volver a fregar, volver a airear, volver a mirar, decir que sí, que ya está.

Luego ponía la cama en el centro de la habitación y dormía allí.

11/22/2009

Papadas

Debería estar orgullosa de mi padre.*

Debería rodearlo con los brazos en cuanto nos encontramos y no soltarle en un par de horas para que no se olvide de cuánto le quiero. Debería callarme cuando entra en sus montañas rusas metalingüísticas y escucharle con los oídos bien abiertos, aunque me haya contado tantas veces las mismas cosas que me sepa hasta el orden de la exposición. Aunque no sea verdad, porque siempre cambia algo.
Debería seguirle oculta entre la sombra e ir contando cada paso que da porque a veces me parece un milagro que siga andando con las dos piernas y use la tercera de pulsera larga. Debería hablar de como lo hace, pero es que yo no lo sé. Él lo hace y consigue que parezca que no cuesta esfuerzo, aunque se le acentúe el hoyuelo en la barbilla y los ojos se le vuelvan saltarines. Y están los días que brilla, que brilla muy fuerte y tenemos que apartar la vista, porque nos dejaría ciegos a todos de una sola exposición.
Debería hablaros de cada kilo que pierde y, de repente, parece que nunca tuvo. De como come la mitad del cuarto que veía comer a su padre y dice que así está bien. Y como, también, de vez en cuando se le escapan los deseos en forma de patatas fritas (a los huevos les tiene más respeto). Debería hablaros de la ginebra, el vino y el cava, porque otra cosa no, pero gusto fino tiene un rato. Se empeña en que yo pruebe y aprenda, se afilia a las bodegas para testar todos los sabores y no dejar ninguno sin confirmar existencia. Y compra y agasaja a sus invitados, aunque más de uno se empeñe en quitarle razón y gusto (pero maleducados hay en todas partes).
Debería hacerle una foto y colgarla aquí para que le vierais, pero mi padre no cabe en una foto. Porque en las fotos no se ve la ternura que refleja, ni la mala leche que se gasta cuando quiere, ni lo que le duele la espalda y las rodillas y los tobillos y la cabeza y el corazón algunas tardes. Porque las fotos nada dicen de todo lo que hace para estar bien, ni siquiera un poco sale en las fotos. Porque no se oyen los pasos rápidos casi cojos que da cada vez que le digo que me marcho a casa, ni el modo en el que se encoge un poco cuando piensa que tengo otra casa y la manera en la que se muerde el labio o la lengua o las ganas según lo cerca que me tenga para no pedirme que me quede. Porque se dejan en los márgenes las sonrisas de las pedorretas en la tripa, de los baños cuando era niña, de los esquemas que había que repetir porque todavía no eran perfectos, de las noches que me tapaba y me convertía en gusanito para que no me entrase frío. Porque se olvidan del ruido de los besos, los abrazos y cómo aguanta mis tristezas sin que yo le diga nada y sin decirlo él, de las excursiones al banco y de comer juntos en el Vips una pizza o una pasta, de los safaris de lágrimas, a los que ninguna escapaba.
Y de vez en cuando me pregunta cosas, así como quien no quiere la cosa... ¿Y quién es ese Juan? ¿Ese Pedro? ¿Ese Javi? ¿Ese Nacho? ¿Ese César? ¿Ese Quique? ¿Ese Antonio? ¿Ese Alejandro? ¿Ese del que tanto hablas? Y yo me río porque hablo mucho, pero nunca de lo que él me pregunta aunque no pregunte...
Y podría seguir escribiendo y seguir contándoos lo increíble que es, pero *qué os voy a decir yo que soy su hija...

11/21/2009

¿Hablar?

Para qué...
Las respuestas no varían mucho y me canso de rebotar y rebotar.
Supongo que mañana cambiarán tus canciones...

11/09/2009

Dedo meñique



El futuro siempre me pilla de espaldas, desprevenida, despidiéndome del pasado.

11/08/2009

Arquitectos

No resultaba fácil... Pero seguíamos ahí. Casi parecía que siempre estábamos ahí, pero no estábamos. Éramos fantasmas en nuestros presentes. Recogíamos pinzas del suelo y fabricábamos otras. Nos llamaban arquitectos. Aunque todos sabían que no podía ser, que no teníamos carrera, ni título de bachillerato, ni el graduado. Pero nos llamaban arquitectos y nosotros aceptábamos el nombre porque venía de fuera. Luego todo fue muy lento. Cada vez había más medias-pinzas desperdigadas y menos tiempo para crear nuevas. Y seguíamos siendo arquitectos. De vez en cuando nos reuníamos y montábamos unas cuantas. Y volvíamos a sentirnos arquitectos. Aunque no lo fuéramos.
Luego nos cansamos de las pinzas. Resulta que no eran muy rentables. O al menos eso parecía. Las pinzas no salvaban del frío, ni alimentaban, ni hacían compañía. Servían para colgar la ropa y retorcer pezones de vez en cuando.
Y nos seguían llamando arquitectos.